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Sueños chinos, realidades mundiales y una taza de té

Una práctica común de la cultura del té en China consiste en servir la bebida a un miembro mayor de una familia o a un alto cargo de una organización como muestra de respeto. Aunque hay un cambio en esta tradición centenaria. Hoy en día en China, que está viviendo una transformación social y económica sin precedentes, los padres pueden ofrecer una taza de té a sus hijos para demostrarles que se preocupan por ellos. O un jefe puede ofrecer una taza caliente a sus subordinados. Sin embargo, en ocasiones formales, la regla básica permanece: servir el té es un ritual de abajo arriba.

No es de extrañar entonces que todos los ojos estuviesen puestos en el presidente de China, Xi Jinping, cuando detuvo su discurso de tres horas en el Congreso del Partido Comunista para degustar su té.

Los peces gordos del partido, sentados detrás de su líder en el escenario, esperaron y observaron. Y lo mismo hicieron millones de ciudadanos y una tropa de analistas alrededor del mundo. ¿Puede ser que el hombre que dirige la segunda economía mundial fuese a hacer unas declaraciones de gran importancia que marcasen un camino para  el próximo lustro y más allá?

Y las hizo.

Xi visualizó el acabar con la pobreza, el reducir la brecha de ingresos, el hacer de China un país desarrollado. La revisión del comercio mundial y la lucha contra el calentamiento mundial también se expuso a los delegados y medios de comunicación.

Grandes palabras para el futuro

Los compromisos ambiciosos a largo plazo y las grandes declaraciones también plantean interrogantes. Ahí va uno: ¿Qué pasos concretos quiere dar China?

Y aquí van tres respuestas.

Primero, está el tema de acelerar el reajuste económico, que es fundamental.  Las autoridades han hecho un buen progreso en mover la economía desde las exportaciones hacia la demanda doméstica, desde la industria hacia los servicios. Aunque el bajo crecimiento de la inversión privada (+6,4% interanual en el periodo de enero a agosto) podría suponer un lastre a largo plazo. Las medidas de apoyo fiscal –esperamos que el déficit fiscal alcance -4,2% del PIB en 2018- y los esfuerzos para modernizar la economía como la estrategia “Made in China 2025” serán cruciales.

Segundo, la reducción de la deuda de las empresas privadas y la reforma de las estatales serán aún más importantes. Mientras que la deuda corporativa no financiera es elevada (165% del PIB), la reforma de las empresas públicas podría generar una competencia más justa y disminuir las distorsiones del mercado. Las autoridades financieras endurecieron la regulación para reducir el crecimiento del apalancamiento y el gobierno lanzó un swap de deuda por capital para fomentar el desapalancamiento de las empresas. También se ha anunciado una reforma de titularidad mixta para diversificar el accionariado de las grandes compañías y la fusión de empresas estatales. Aunque estas medidas no han tenido resultados tangibles debido a la limitada implementación y la continua intervención del Estado.

Por último, están la estrategia comercial y la liberalización financiera. En cuanto al comercio, las autoridades harán hincapié en los beneficios de la iniciativa Un cinturón, una ruta, que debería reunir a 65 países, 4.400 millones de personas y cerca de un tercio del PIB mundial. Esto ayudará a las empresas chinas a internacionalizarse, reducir las sobrecapacidades y a mejorar el acceso a los proveedores locales (Mongolia, Myanmar…). También posicionará a China como una campeona de la globalización. Sobre la liberación financiera, hay sitio para la mejoría. Como reacción a las turbulencias de los mercados bursátiles en 2015 y las huidas de capital, se reforzaron los controles de capital para prevenir la depreciación del renminbi. Últimamente la economía está mejorando y las presiones en la divisa han disminuido. Por ello, las autoridades podrían volverse menos defensivas y abrazar reformas más profundas para abrir la economía.

Ajustes modestos a corto plazo

Una cosa son las prioridades e incluso planes concretos, pero, ¿cuáles son las implicaciones potenciales a corto y medio plazo que estas estrategias podrían tener?

El impacto del Congreso en los agregados financieros a corto plazo será escaso. Primero, desde el inicio de año las macropolíticas han estado dirigidas a asegurar el objetivo de crecimiento económico (por encima del +6,5%), que aumentó un +6,9% en la primera mitad de año y para el que se espera una tasa anual de +6,7%.

Además, el llamado “equipo nacional” de inversores públicos estará listo para intervenir si se produce un impacto en el mercado financiero como lo hicieron cuando la bolsa colapsó en 2015. Y por último, el Banco Popular de China, adaptaría su política para asegurar que hay la suficiente liquidez en el sistema. Apoyará a la moneda si las presiones aumentan. El gobierno ya ve los primeros impactos de su compromiso para reducir el riesgo financiero.  Los flujos de la banca en la sombra decrecen, el crecimiento del crédito se ralentiza y el crecimiento de los precios inmobiliarios se desacelera.

Por otro lado, el crecimiento en actividades de capital intensivo se ralentizan; más agentes económicos frágiles (sector privado y pymes, por ejemplo) comienzan a experimentar dificultades debido a unas condiciones crediticias más estrictas. Los índices de PMI Caxin – Markit, que son unos buenos indicadores del ambiente del sector privado, bajaron en septiempre. El PMI manufacturero Caixin-Markit bajó a 51 en septiembre (desde el 51,6 en agosto). El índice de servicios cayó al 50,6 (desde 52,7 en agosto).

La hora del té

Las cifras son pasmosas, las estadísticas son a veces opacas y los grandes discursos no se prestan fácilmente al análisis. Así que, ¿dónde deja esto al observador crítico? ¿Tendrá lugar el gran ajuste de China en los próximos cinco años?

Hay tiempo para un proverbio chino: “El hombre que se precipita bebe su té con tenedor”.

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